Guie’tiiki

Flor que no desprende ningún aroma, pero que sabe jugar.

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Ilustración: Nillia

Entrada realizada a partir de la publicada por Julie Sopetrán

Cuentan, que cuando los dioses terminaron de crear todas las flores, decidieron repartirlas por valles y montes; por las orillas de las lagunas y las riberas de los ríos. También colocaron algunas entre los matorrales, en los ribazos y caminos e incluso pusieron unas cuantas en las milpas, abrazadas al maíz.

Una vez que estuvo cada una en su lugar, los dioses hablaron y les pidieron que mostraran sus colores. Ellas, al escuchar la voz divina, obedecieron y abrieron sus corolas, descubriendo al mundo su hermosura recién hecha.

Pero las flores se sentían confundidas, porque al estrenar su existencia carecían de nombre propio y todas se llamaban “flor.” Por eso, cuando alguien pronunciaba ese nombre, se giraban todas a la vez. Tampoco se las podía distinguir por sus aromas, ya que nadie les habían asignado un perfume.

Aunque los dioses ya habían nombrado a todos los animales y sobre la Tierra se paseaban osos, jabalís, calandrias, cenzontles, tórtolas y cisnes, cada uno con su propio olor, todavía no había llegado el turno de las flores y ellas estaban tristes por no ser también únicas y especiales y ser, simplemente, “flores.”

Finalmente, llegó el gran momento y los dioses decidieron, por fin, convocar a las flores en el Salón de los Nombres y de los Perfumes. Ordenaron a la chachalaca hablantina y al reluciente colibrí que las avisaran para que asistieran todas a tan importante reunión.

Mientras la chachalaca, repetía el mensaje a gritos, para que la noticia se oyera desde muy lejos, el colibrí fue susurrando la noticia de flor en flor.

La buena nueva se extendió rápidamente y llegado el día, un interminable desfile de flores hizo cola pacientemente para que los dioses, que eran sabios y buenos, crearan para cada una de ellas un nombre y un aroma especial con los que, a partir de ese momento, se las reconocería para siempre.

—Tú te llamarás azucena, tú jazmín, tú gardenia, tú cuetlaxóchitl, tú alelí…

Y así hicieron con todas las flores: azalea, lirio, violeta, alcatraz, rosa… Miles y miles de nombres, los cuales no podemos conocer en su totalidad, pero lo que sí sabemos es que cada uno es especial y único. Igual que especiales y únicos son sus perfumes, distintos en cada flor, que nos deleitan.

Los dioses, para compensar a las flores por su paciencia, les concedieron, además, el dulce néctar, el elixir que los insectos besan para alimentarse, y también les concedieron la música de las alas de las mariposas, que revolotean alrededor de sus brillantes corolas perfumadas.

Pero, ¡ay!, aquel día, una flor no se presentó ante los dioses en la Sala de los Nombres y de los Perfumes. Era una flor pequeña, muy alegre, que pasaba su vida bailando y cantando bajo los rayos del sol, a la que le gustaba tanto jugar con los niños, que prefirió quedarse junto a ellos y desatender la llamada divina pensando que nadie notaría su ausencia.

Sin embargo, los dioses, que lo saben todo, supieron de su desobediencia y ordenaron que nadie, hombre o mujer, llevara aquella flor a los altares para honrar a vivos o muertos, porque aquella flor no tenía nombre, ni tenía perfume y no había sido obsequiada con el dulce elixir con el que los dioses habían bendecido al resto de las flores.

Dicen que al saberlo, todos los niños se pusieron de acuerdo para proteger a su amiga y que fueron ellos los que le dieron un nombre a la flor sin nombre. Decidieron que se llamaría Guie´tiiki, que en idioma zapoteco quiere decir «la flor que camina de puntillas».

Desde entonces, cada primavera, cuando regresan las flores, cada una con su nombre y su perfume únicos, cuando los valles se llenan de color y la exuberancia de los jardines hace renacer la alegría en los corazones, los niños la esperan a ella y la llaman por su nombre: Guie’tiiki. Y ella acude contenta a la llamada y juntos bailan y cantan, porque los niños son los «dioses» de Guie´tiiki, una flor que, aunque no tenga perfume, sabe jugar.

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Gif: Nina1love1

Mitología zapoteca.

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