Moiras

Personificación del destino en la mitología griega.

moiras_by_shvayba

Las Moiras personifican el destino de cada ser humano y la suerte que le corresponde en su vida. Cada persona posee su moira o, lo que es lo mismo, su fase o su parte ya sea de existencia, de felicidad, de tristeza, de desgracia, de suerte… Esta figura abstracta no tardó en fundirse con la figura de las keres, aunque sin llegar a tener nunca su carácter maligno, violento y sanguinario.

Las Moiras son tan inflexibles como el destino y su ley no puede ser transgredida ni por los dioses ya que, si lo hicieran, el equilibrio del universo podría peligrar.

Aunque en un principio se trataba de una deidad impersonal, a partir de Homero se fijó su número en tres: Átropo, Cloto y Láquesis que regulaban para cada mortal el nacimiento, la duración de su vida y el momento de su muerte, respectivamente. Para ello, se ayudaban de un hilo de lino que la primera hilaba, la segunda enrollaba y la tercera cortaba.

Alcínoo. ¡Oíd, caudillos y príncipes de los feacios, y os diré lo que en el pecho mi corazón me dicta! Ahora, que habéis cenado, idos a acostar en vuestras casas: mañana, así que rompa el día, llamaremos a un número mayor de ancianos, trataremos al forastero como a huésped en el palacio, ofreceremos a las deidades hermosos sacrificios, y hablaremos de su acompañamiento para que pueda, sin fatigas ni molestias y acompañándolo nosotros, llegar rápida y alegremente a su patria tierra, aunque esté muy lejos, y no haya de padecer mal ni daño alguno antes de tornar a su país; que, ya en su casa, padecerá lo que el hado y las graves Hilanderas dispusieron al hilar el hilo cuando su madre le dio a luz. Y si fuere uno de los inmortales, que ha bajado del cielo, algo nos preparan los dioses; pues hasta aquí siempre se nos han aparecido claramente cuando les ofrecemos magníficas hecatombes; y comen, sentados con nosotros, donde comemos los demás. Y si algún solitario caminante se encuentra con ellos, no se le ocultan; porque estamos tan cercanos a los mismos por nuestro linaje como los Cíclopes y la salvaje raza de los Gigantes.

Homero, Odisea, VII, 186 y ss.

Se las solía representar vestidas de blanco y con una hebra de lino porque, al parecer, representaban las tres fases de la diosa Luna: luna nueva, diosa doncella de la primavera, que corresponde al primer período del año; luna llena, diosa Ninfa del verano durante el segundo período del año; y luna vieja, la anciana de otoño, que encarna el último período anual.

Según una genealogía, las tres hilanderas eran hijas de Temis y Zeus y hermanas de las Cuatro Estaciones (en latín Horae).

Según otra, eran hijas de la Noche y del Érebo, que engendraron el Hado, la Vejez, la Muerte, el Asesinato, la Continencia, el Sueño, los Sueños, la Discordia, la Miseria, la Vejación, Némesis (castigo o venganza), la Alegría, la Amistad, la Piedad, las tres Moiras y las tres Hespérides, por tanto, pertenecerían a la primera generación divina, lo que las convertía en fuerzas elementales del mundo.

Los romanos las asimilaron a sus diosas del destino denominándolas Parcas.

También en la mitología nórdica encontramos personajes parecidos: las Nornas y en la mitología báltica, la tradición habla de las Trīs Laimes.

Mitología griega.

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