Tezcatlipoca

En la mitología azteca y otras mitologías de cultura náhuatl, dios supremo.

Ilustración: Dafne Ortiz

Tezcatlipoca, «espejo humeante» en náhuatl. El dios principal, el que está en todas partes, el que regala bienes y los quita. El dios de las dificultades, de los problemas y de las enfermedades.

Un dios dual, con aspectos positivos y negativos: otorga riquezas y las quita a su antojo; causa enfermedades, pero también las cura. Todo lo ve y entiende, premia o castiga las acciones humanas a su criterio.

Para los pueblos nahuas, era el dios supremo y omnipresente, el que gobernaba el destino de los hombres y, por tanto, estaba en todos sitios, y en todo momento.

Solían representarlo con un espejo humeante reemplazando uno de sus pies, por eso era llamado también Tezcatlanextia, «espejo que hace visibles o torna brillantes las cosas». Aunque se desconoce exactamente el porqué de este nombre, se sabe que en el antiguo México los espejos representaban la sabiduría, el conocimiento y el poder. En el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), en Madrid, hay uno de los dieciséis espejos precolombinos de obsidiana (roca ígnea que se forma en la última etapa de las erupciones volcánicas a partir de la lava enfriada) que se conservan:

Según otras teorías, «espejo humeante» podría hacer referencia a las fiestas de Toxcatl, «cosa seca», dedicadas a este dios en el mes de mayo, durante el tiempo seco que predecía a las lluvias. En ese momento, se llevaba a cabo la quema de las milpas a fin de prepararlas para la siembra, lo que provocaba mucho humo.

En el Libro de la Vida que los Yndios antiguamente hazian y supersticiones y malos Ritos que tenian y guardaban (Códice Magliabechiano folios 32 y 33) se describen estas fiestas y Tezcatlipoca es representado con su espejo en la mano y luciendo su anauatl (pectoral).

En el Libro I de Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino), fray Bernardino de Sahagún  (1499-1590) nos cuenta más cosas sobre este dios:

El tercero capítulo trata del dios llamado Tezcatlipoca: el cual generalmente, era tenido por dios entre estos naturales, de esta nueva España. Es otro Júpiter.

El dios llamado Tezcatlipoca: era tenido por verdadero dios, e invisible, el cual andaba en todo lugar, en el cielo, en la tierra y en el infierno; y tenían que cuando andaba en la tierra movía guerras, enemistades y discordias, de donde resultaban muchas fatigas y desasosiegos.

Decían que él mismo incitaba a unos contra otros para que tuviesen guerras y por esto lo llamaban Necoe Yáotl, que quiere decir sembrador de discordias de ambas partes; y decían el solo ser el que entendía en el regimiento del mundo, y que él solo daba las prosperidades y riquezas, y que él solo las quitaba cuando se le antojaba; daba riquezas, prosperidades y fama, y fortaleza y señoríos, y dignidades y honras, y las quitaba cuando se le antojaba, por eso le temían y reverenciaban, porque tenían que en su mano estaba el levantar y abatir, de la honra que se le hacía, esta adelante, en el libro segundo.

Tezcatlipoca en el Libro I de Historia general de las cosas de Nueva España (Códice Florentino), fray Bernardino de Sahagún (1499-1590).

Este dios tiene la capacidad de transformarse en infinidad de formas o seres; puede ser perceptible, pero invisible como el viento, intocable; existe en todos los lugares, profanos o sagrados. Tezcatlipoca es la divinidad de las cuatro direcciones y también el dios Jaguar del cielo nocturno y del Norte.

Además del jaguar, otros animales se encuentran asociados a él: el venado joven, el coyote, el perro; el guajolote, el buitre, el zopilote… Todos ellos representados en las pictografías del Lienzo de Tetlama:

La compleja personalidad de este dios queda evidenciada por la variedad de sus nombres y atributos. En el Libro VI de la Historia General de las Cosas de Nueva España se citan hasta 360 epítetos o nombres referidos a Tezcatlipoca.

Entre ellos:

Tloque Nahuaque – Dueño del cerca y del junto.

Titlacahuan – Aquel del que somos esclavos.

Teimatini – El sabio, el que entiende a la gente.

Tlazopilli – El noble precioso.

Teyocoyani – Inventor de los hombres.

Yáotl, Yaotzin – El enemigo.

Icnoacatzintli – El misericordioso.

Ipalnemoani – Dador de la vida.

Ilhuicahua Tlalticpaque – El poseedor del cielo y la tierra.

Monenequi – El arbitrario

Pilhoacatzintll – El Padre reverenciado dueño de los niños.

Tlacatlé Totecué – Oh, amo, señor nuestro.

Youalli Ehecatl – Noche, viento.

Monantzin, Motatzin – Madre, Padre.

Telpochtli – El joven.

Moyocoyani – El señor que se piensa a sí mismo.

Ome Acatl – Dios Omácatl, patrón de los banquetes.

Los diferentes nombres con los que era invocado indican que Tezcatlipoca cubría prácticamente todos los aspectos de la divinidad y era, al mismo tiempo, un dios negativo y positivo.

En su aspecto negativo, tomaba la forma del hechicero, del brujo que se asociaba con la noche y con el dios Tepeyollotl, y del jaguar, relacionado con las montañas, las cuevas y el eco.

En esta forma suele ser representado con el espejo humeante y el anauatl o pectoral.

El terror que despertaba y la sumisión de la gente ante Tezcatlipoca queda evidenciado en las oraciones del Libro VI de la obra de Sahagún.

Otra de las formas oscuras que tomaba el dios era la de tanguia o fantasma (Libro V, Sahagún). Se habla del dios, «ilusiones de Tezcatlípoca», diciendo que aquel que lo veía de noche «había de ser muerto en la guerra, o cautivo». Esto podía evitarse si el fantasma pedía espinas de maguey al que lo veía, ya «que son señas de fortaleza y valentía». De este modo, lo que ocurría es que el hombre «había de cautivar en la guerra tantos cautivos cuantas espinas le diese» a Tezcatlipoca.

En su aspecto positivo, era el primogénito de la pareja creadora, Ometecuhtli y Omecíhuatl, también llamados Tonacatecuhtli y Tonacacíhuatl, (Señor y Señora de nuestra carne). Los primeros cuatro hijos de esta pareja primordial eran cuatro aspectos del propio Tezcatlipoca:

Tezcatlipoca negro, el verdadero Tezcatlipoca

Tezcatlipoca rojo o Xipe Tótec

Tezcatlipoca azul o Huitzilopochtli

Tezcatlipoca blanco, o Quetzalcóatl

Otro de los aspectos agradables de Tezcatlipoca era Telpochtli, el joven que llegaba primero a las fiestas de los dioses. En este aspecto, era el patrón del telpochcalli, «casa de la juventud» o escuela.

Según Sahagún, en su honor se escogía un representante en la tierra, «un joven sin mácula, de buena disposición, delgado, ni demasiado alto ni demasiado bajo escogido entre todos los cautivos. Uno de los más hábiles y más bien dispuestos que se pudiesen haber, y sin tacha ninguna corporal», al que se sacrificaba durante el mes de Toxcatl.

El muchacho debía tener la piel lisa, sin ninguna arruga. El pelo lacio y largo, los ojos claros, los dientes finos y blancos. Una vez nombrado vicario del dios tenía que aprender a tocar la flauta, a fumar un tubo de tabaco y llevar flores. Con estas tres cosas y con el cuerpo pintado de negro, como los espejos de obsidiana, andaba por las calles y la gente lo honraba como al dios mismo, inclinándose ante él y besando la tierra que pisaba. En sus andanzas, lo acompañaban ocho jóvenes, cuatro de los cuales eran guerreros.

Al acercarse la fiesta de Toxcatl, le entregaban cuatro doncellas por esposas, cada una con el nombre de una diosa. El representante de Tezcatlipoca era sacrificado durante la fiesta Toxcatl y las doncellas eran liberadas.

Como dios principal que era, a su alrededor se tejieron numerosos mitos, entre los que citamos algunos.

—La «Leyenda de los soles», la cual podéis leer completa en este enlace

—Otras leyendas del dios Tezcatlipoca las encontramos en la Historia de los mexicanos por sus pinturas (Anónimo del siglo XVI), del cual os compartimos el pdf .

Mitología azteca y otras mitologías de cultura náhuatl

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