Los campeones de salto

 

Texto:  Edición de Martes de cuento de «Springfyrene» de Hans Christian Andersen (1805-1875)

Si hay algo que nos llama la atención en este divertido cuento, es la presencia de un hueso saltarín (springgåse). Una imagen extraña que no acabábamos de entender. Rebuscando aquí y allá, hemos podido resolver este misterio que, durante mucho tiempo, tuvo en jaque a los traductores, que tradujeron el término algunos «ganso saltarín» y otros como «rana saltadora».

Corstiaan de Jong, uno de los primeros traductores de Andersen, tenía claro su significado en 1859: decía que ese huesecillo es «un juguete para niños, que consiste en el esternón limpio de un ganso». Muchos de los traductores del siglo XIX no tenían ni idea de qué era este juguete frecuentemente utilizado en países como Dinamarca, Suecia o Estonia, pero también en Inglaterra (skip-jack) o Alemania (springgans) desde el siglo XVIII.

 

 

Esta costumbre se remonta a muchos siglos atrás, cuando los antiguos pueblos europeos veneraban a los gallos, porque anunciaban el nuevo día y a las gallinas porque proporcionaban huevos. Estas aves eran a menudo sacrificadas a los dioses y sus despojos eran usados para las artes adivinatorias, sobre todo para conocer el futuro.

Los etruscos dejaban que la espoleta se secara al sol y una vez seca, dos personas tomaban cada uno de sus extremos para estirar y romperla. Aquel que tenía en su poder el trozo más largo formulaba un deseo. Esta costumbre fue adoptada por el pueblo romano, que con sus conquistas la exportó por toda Europa.
En la actualidad, algunas personas siguen todavía esta costumbre al comer aves. La persona que recibe la ración en la que está este hueso se considera afortunada y, por este motivo, se denomina a la fúrcula «huesito de la suerte».
Andersen tuvo la genialidad de utilizar como personaje un hueso saltarín que, sin duda, tuvo muy buena suerte al conseguir la mano de la princesa.

Los cuentos de Andersen, de sobra conocidos, han acompañado a muchos pequeños lectores a lo largo del tiempo. Historias como «¡Es la pura verdad!», «La princesa y el guisante», «El firme soldadito de plomo», «Los enamorados», «El cuello postizo», «La familia feliz», «Jacobo bobo», «El caracol y el rosal», «El traje nuevo del Emperador», «La diligencia de los doce meses», «La pequeña cerillera», El abecedario», «Saltabardales»… han hecho las delicias de los lectores desde que se publicaron por primera vez.

Los que lo habéis leído ya conocéis que el significado de sus cuentos suele ir más allá de lo que puede parecer a simple vista. Siempre es un placer leer a este autor clásico por el que el tiempo no pasa.

 

Ilustración: Hans Tegner (1853-1932)

La imagen que acompaña el cuento es una acuarela pintada especialmente para ilustrar el cuento de Hans Christian Andersen, firmada por el pintor Hans Christian Harald Tegner,  formado en la Academia de Bellas Artes danesa.

 

Gif: Pavelas Laptevas

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