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La flor de lililá

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Texto: Versión de Martes de cuento de un relato popular

Tomando como base el cuento popular, hemos modificado la forma, pero no el contenido. Los cambios más evidentes son la sustitución de un rey por una reina y el de un príncipe por una princesa. Esperamos que el resultado no os defraude.

Nos hemos atrevido a variar el cuento porque de él hay ya innumerables versiones, puesto que se trata de una historia muy antigua proveniente de la tradición oral, extremo que queda evidenciado al hallar elementos que así nos lo indican: una acción repetida de forma encadenada por varios protagonistas —los tres hermanos que buscan la flor— y un poema o canción que también se repite. Estas dos características son típicos recursos mnemotécnicos que favorecen que el cuento sea recordado fácilmente por la persona que lo relata.

Además, también nos hablan de su antigüedad las múltiples variantes con diferentes títulos que encontramos, tanto en España como en Hispanoamérica: La flor del lililá, La flor de lirolai, La flor de liolar, La flor del lilo-va, La flor de ilulay, La flor del ilolay; La flor del lirolá, La flor del lilolá, La flor del olivar, La flor de la deidad, El rey ciego… En ellas, el papel que nosotros le asignamos a la madre lo asume un rey, un gobernante o un hombre rico y el papel de la anciana es representado por la Virgen María o Pacha mama.

Una de las primeras versiones en español la firmó Fernán Caballero —seudónimo de Cecilia Böhl de Faber—, con el título de «La flor de Lililá» y la incluyó en el cuarto capítulo de su novela Lágrimas. Novela de costumbres contemporáneas, de 1853.

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María Isabel Carvajal Quesada —verdadero nombre de la escritora costarricense Carmen Lyra— escribió en 1920 Cuentos de mi tía Panchita,  en el que encontramos «La flor del olivar». En esta versión, es la Virgen la que ayuda al hermano pequeño.

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Anverso del billete costarricense en el que aparece Carmen Lyra

Oscar Vargas del Carpio recopiló de boca de su madre, Evangelina, la versión boliviana de la historia, que se publicó en 1973 en el libro Cuentos de hadas bolivianos

Berta Elena Vidal de Battini en el tomo VI de su monumental obra Cuentos y leyendas populares de la Argentina, de 1960, recopila veinte versiones distintas de este cuento, contadas por otras tantas personas de diversos puntos de la geografía argentina.

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En Chile, Ramón A.Laval recogió en 1920 una versión muy larga titulada «Los tres lirios» en Leyendas y cuentos populares recogidos en Carahue (Chile) de la tradición oral. 

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Años después, también en Chile, Fidel Sepúlveda Llanos incluyó otra versión distinta en su libro Cuentos folcloricos para niños.

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En Leyendas de nuestra América, Ute Bergdolt De Walschburger recopila cuentos de distintos países y entre los que recoge en Argentina, encontramos la versión titulada «La flor del lirolay», en la que es un rico gobernador llamado Asportuma el que se queda ciego. Sus tres hijos parten en busca de la flor respectivamente a  Jujuy, Tucumán y Salta. Es en este último lugar donde el hijo menor ruega ayuda a Pacha mama. En esta versión, los hermanos mayores se deshacen del pequeño arrojándolo a una laguna y es también Pacha mama quien lo rescata y lo esconde dormido en un cañaveral hasta la llegada del padre.

Según algunos expertos, el origen de este cuento se debe buscar en «Das Wasser des Lebens» («El agua de la vida»)

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cuyo argumento es parecido al principio, pero cuyo desarrollo y, sobre todo, final difieren bastante. En este, recopilado por los hermanos Grimm, el rey está enfermo y pide a sus hijos el agua de la vida para curarse. La fuente del agua de la vida está dentro de un castillo, cuya entrada está vigilada por dos bestias. En el interior, además del agua, el príncipe libera a una princesa hechizada y se casa con ella.

Aquí el poder curativo recae en el agua y no en una flor y en lugar de una anciana, es un duende el que ayuda al protagonista. Y en lo que más se diferencian es en el final, por lo que, bajo nuestro punto de vista, parece poco probable que la versión castellana beba únicamente de esta fuente.

Más razonable nos parece pensar que esta historia era popular en toda Europa y que a lo largo del tiempo y el espacio se fue ampliando el número de sus versiones, y cuando en 1857 los Grimm la incluyeron en Cuentos de la infancia y del hogar ya era un cuento perteneciente al folclore universal, extendiéndose y, tal vez, fusionándose con otros relatos como, por ejemplo, con «El enebro», un cuento muy trágico recopilado asimismo por los hermanos Grimm, del que encontramos igualmente paralelismos en «La flor del Aguilar», de Fernán Caballero. Tal vez las diferentes versiones se mezclaron tanto y tantas veces que hoy ya no es posible señalar de forma clara un origen claro y preciso.

Ilustración: Anna Dittmann

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