La gallina de los huevos de oro

Texto: Versión de Martes de cuento de una fábula atribuida a Esopo

Esta fábula ha recorrido el tiempo y hoy, todavía, conserva la misma vigencia que tenía en el momento en el que salió de la pluma del fabulista griego Esopo, al que se le atribuye la autoría,

Esopo hablando con una zorra (ca. 470 a.e.c. Musei Vaticani

Las fábulas se caracterizan por su brevedad y, habitualmente, están protagonizadas por animales u objetos que se humanizan. Mediante ellas, el autor busca, valiéndose de una moraleja final que resume el contenido en una frase, enseñar a los lectores una lección o proporcionar una enseñanza ética de carácter universal.

Este género didáctico tenía como principal objeto criticar las malas costumbres o los vicios de las personas.

Las características universales de ciertos defectos, inherentes al género humano, han hecho que el tiempo no pase para estas historias y que a lo largo del tiempo permanezcan frescos sus planteamientos y actuales sus advertencias.

La traducción de la fábula original nos cuenta así la historia:

Tenía cierto hombre una gallina que cada día ponía un huevo de oro. Creyendo encontrar en las entrañas de la gallina una gran masa de oro, la mató; mas, al abrirla, vio que por dentro era igual a las demás gallinas. De modo que, impaciente por conseguir de una vez gran cantidad de riqueza, se privó él mismo del fruto abundante que la gallina le daba.

Es conveniente estar contentos con lo que se tiene, y huir de la insaciable codicia.

Grandes autores, a lo largo de la historia de la literatura han reescrito la fábula de «La gallina de los huevos de oro», entre ellos, La Fontaine

L’avarice perd tout en voulant tout gagner.
Je ne veux, pour le témoigner,
Que celui dont la Poule, à ce que dit la Fable,
Pondait tous les jours un œuf d’or.
Il crut que dans son corps elle avait un trésor.
Il la tua, l’ouvrit, et la trouva semblable
A celles dont les œufs ne lui rapportaient rien,
S’étant lui-même ôté le plus beau de son bien.
Belle leçon pour les gens chiches:
Pendant ces derniers temps, combien en a-t-on vus
Qui du soir au matin sont pauvres devenus
Pour vouloir trop tôt être riches?

o Samaniego

Érase una gallina que ponía
un huevo de oro al dueño cada día.
Aun con tanta ganancia mal contento,
quiso el rico avariento
descubrir de una vez la mina de oro,
y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla, abrióla el vientre de contado;
pero, después de haberla registrado,
¿qué sucedió? Que muerta la gallina,
perdió su huevo de oro y no halló mina.

¡Cuántos hay que teniendo lo bastante
enriquecerse quieren al instante,
abrazando proyectos
a veces de tan rápidos efectos
que sólo en pocos meses,
cuando se contemplaban ya marqueses,
contando sus millones
se vieron en la calle sin calzones.

También en prosa nos llegan múltiples versiones, entre las que destacamos este cuento folclórico anónimo:

La gallina de los huevos de oro


Érase un labrador tan pobre, tan pobre, que ni siquiera poseía una vaca. Era el más pobre de la aldea. Y resulta que un día, trabajando en el campo y lamentándose de su suerte, apareció un enanito que le dijo:

—Buen hombre, he oído tus lamentaciones y voy a hacer que tu fortuna cambie. Toma esta gallina; es tan maravillosa que todos los días pone un huevo de oro.

El enanito desapareció sin más ni más y el labrador llevó la gallina a su corral. Al día siguiente, ¡oh sorpresa!, encontró un huevo de oro. Lo puso en una cestita y se fue con ella a la ciudad, donde vendió el huevo por un alto precio.

Al día siguiente, loco de alegría, encontró otro huevo de oro. ¡Por fin la fortuna había entrado a su casa! Todos los días tenía un nuevo huevo.

Fue así que poco a poco, con el producto de la venta de los huevos, fue convirtiéndose en el hombre más rico de la comarca. Sin embargo, una insensata avaricia hizo presa su corazón y pensó:

«¿Por qué esperar a que cada día la gallina ponga un huevo? Mejor la mato y descubriré la mina de oro que lleva dentro».

Y así lo hizo, pero en el interior de la gallina no encontró ninguna mina.

A causa de la avaricia tan desmedida que tuvo, este tonto aldeano malogró la fortuna que tenía.


Basándonos en este último, hemos decidido reescribir lo que nos cuenta y hacerlo un poco más largo añadiendo algunos detalles. Esperamos que el resultado sea de vuestro agrado.

El mensaje se mantiene intacto, igual que en las versión más antigua, y podríamos resumirlo con aquella famosa frase que advierte que «La avaricia rompe el saco».

Como siempre, hemos intentando que nuestra versión sea respetuosa con sus antecedentes y que, aunque salvando todas las distancias, no desmerezca en exceso lo que ya ha sido escrito con anterioridad.

Ilustración: gillendil

Gif: Bakers corner

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Comments

  1. Un clásico y su moraleja otra clásica. A todos los avariciosos del mundo, y hay unos cuantos, les vendría muy bien leer el cuento y reflexionar sobre él.
    Me encanta el gift, cuidas todos los detalles :))
    Besos!!

    • Hay avariciosos que creen que son «competitivos», «dinámicos», «listos»… y cuando el saco se rompe, le echan la culpa al que está más cerca, nunca reconocen que se rompió a causa de su avaricia.
      El gif no podía ser otro, ¿verdad? 😀 😀 😀 😀
      ¡Un abrazo, Paloma!

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