adaptabilidad

El sabio y los viajeros

Ilustración: ashpwright

Hace mucho, mucho tiempo vivió en medio del desierto un sabio anciano. El hombre pasaba sus días sentado en una roca, justo al lado de una enorme puerta que daba entrada a una próspera ciudad amurallada en el desierto observando a la gente que entraba y salía de la gran urbe. Un viajero procedente de un país muy lejano se acercó al anciano antes de traspasar el umbral de la puerta de acceso a la ciudad, y le preguntó:

―Dígame, venerable señor, ¿cómo es la gente que vive en esta ciudad?

―Antes de que yo te responda, dime tú algo: ¿cómo es la gente de la ciudad de donde tú procedes? ―preguntó a su vez el anciano.

―¡Mala gente! ―exclamó el viajero―. Son holgazanes, perezosos, criticones, egoístas, vanidosos, embusteros, sucios… En fin, no te puedes fiar de ninguno de ellos y de ninguno de ellos puedes ser amigo. Por eso me marché de allí y ahora busco un lugar mejor para vivir.

―¡Vaya! ―dijo el anciano―. Pues me sabe mal, porque me temo que en esta ciudad encontrarás exactamente el mismo tipo de gente de la que andas huyendo.

Tal fue la decepción del viajero al oír aquellas palabras que, cabizbajo y triste, decidió no entrar en la ciudad y seguir su viaje para intentar encontrar un mejor lugar en el cual vivir.

Aquel mismo día, un poco más tarde, un nuevo viajero llegó a la puerta de la ciudad donde el anciano seguía sentado sobre su roca. El joven se acercó a él y le preguntó:

―Por favor, señor, voy a entrar en esta ciudad, pero antes quisiera saber cómo es la gente que vive aquí. Si usted me pudiera decir algo sobre ellos, se lo agradecería.

―Claro que te diré cómo son ―respondió el anciano―. Pero antes dime, muchacho, ¿cómo es la gente de la ciudad de donde tú procedes?

―¡Buena gente! ―exclamó el joven sin pensarlo demasiado―. Obviamente hay de todo, pero, en general, pienso que la mayoría son buena gente que hace lo que puede con lo que tiene. Si necesitas algo, puedes contar con las personas de allí, sin duda. Por supuesto que hay también algunas personas que en principio parecen malas o menos de fiar, pero incluso a esas, según cómo las tratas y después de conocerlas y tratarlas, acabas por encontrar algo bueno en ellas. Sí, yo diría que la mayoría son buena gente.

El anciano sonrió, y seguidamente respondió al joven viajero:

―¡Bienvenido, muchacho y buena suerte! En esta ciudad encontrarás tanta gente buena como la que dejaste en la ciudad de la que procedes.

FIN

rainbow_pencil_avatar_by_shirokuro_chan¿Quién ha escrito y quién ha ilustrado este cuento?