amor imposible

La leyenda del uirapurú

Ilustración: GabbrielFrost

El uirapurú es un pequeño pajarito que vive en lo más profundo de la Amazonia, lo que unido a su carácter huidizo, hace que sea casi imposible de ver.

Esta ave misteriosa, cuyo nombre significa «pájaro que no es pájaro» en lengua tupí, canta únicamente una vez al año, durante los aproximadamente quince días que tarda en construir su nido y solo lo hace unos diez minutos, a primera hora de la mañana. Sus armoniosos gorjeos consiguen que en la selva reine el más absoluto silencio y mientras el pequeño uirapurú entona su melodía, incluso el resto de los pájaros permanece callado para disfrutar de la rara tonada. Los humanos que alguna vez han podido oírlo aseguran que el mismísimo Amazonas detiene su curso y que ni el viento se atreve a mover las hojas de los árboles para no molestar al uirapurú mientras trina su canción.

Los indios de la selva amazónica creen que ese pajarito es, en realidad, un ser sobrenatural. Por eso, cuando muere un uirapurú, su pequeño cuerpo sin vida se convierte en un poderoso amuleto para aquel que tiene la suerte de encontrarlo, ya que atrae la prosperidad y la felicidad. Dicen que es tan eficaz, que incluso una sola de sus plumas hace posible que aquel que la posee tenga suerte en el amor, pero es muy difícil conseguir una ya que, según refiere la leyenda, si alguien intenta sorprender a una de estas aves, los otros pájaros la avisan para que huya, así que el que posee una de estas plumas es por pura casualidad, por haberla encontrado en el suelo de la selva después de que algún uirapurú haya hecho la muda. En torno a este pájaro, se cuentan otras historias, esta es solo una de ellas, la que oímos contar a una persona muy sabia y viejas en la selva. Dice así…

En la noche de los tiempos, cuando los dioses andaban por la tierra, existió al sur de Brasil una tribu cuyo cacique era amado por dos mujeres valientes, inteligentes y más hermosas que la Luna, pero él solo podía casarse con una, por eso decidió que se casaría con la que tuviera mejor puntería. Ambas aceptaron la prueba. El cacique colocó el blanco y las dos pretendientes lanzaron sus flechas a la vez. Quiso el destino que solo una acertara el tiro y el cacique, cumpliendo su promesa, la tomó por esposa.

La otra, cuyo nombre era Oribici, lloró por su gran amor perdido y lloró tanto y durante tanto tiempo, que sus lágrimas formaron los afluentes del Amazonas y también un hermoso lago azul.

Después de tanto llorar, la muchacha pidió al poderoso dios Tupá que acabara con sus penas y el dios, compadeciéndose de ella, la transformó en un pequeño pajarito y le concedió una melodiosa voz.

Con su nuevo aspecto, Oribici pensó que podría visitar al cacique sin que este la reconociera y así, al menos, al poder ver a su amado su pena sería más pequeña, pero se equivocaba…

Su tristeza creció más si cabe cuando, posada sobre un alto árbol, descubrió que el cacique y su esposa se amaban tiernamente.

La muchacha-pájaro, decidió entonces abandonar para siempre el poblado en el que había nacido y crecido y volar muy lejos, hacia el norte, hasta lo más profundo de la selva amazónica, donde se quedó a vivir para siempre.

Dicen que aún sigue allí, cantando para olvidar las heridas de su amor imposible, los otros pájaros, cuando oyen al pequeño uirapurú, se quedan callados para poder escuchar sus cuitas y la selva entera se detiene para que su canto pueda llegar muy lejos, a oídos de los humanos, ya que la canción de la avecilla es mágica y puede ayudar a los que oyen su canto a conseguir el amor y la felicidad que ella jamás pudo alcanzar.