burlarse

La fábula del tonto

Ilustración: relyon

Cuenta una vieja leyenda, que en un lejano pueblo, vivía un pobre tonto; un infeliz de pocas luces, que subsistía haciendo pequeños recados a sus vecinos y pidiendo alguna limosna.

La gente del pueblo se divertía a menudo a su costa. Tenían la mala costumbre de burlarse de él.

A diario, algunos habitantes llamaban al tonto a la plaza mayor, donde la gente se reunía después de trabajar, y le ofrecían escoger entre dos monedas: una muy grande, que valía 10 céntimos, y otra más pequeña, pero que valía 50 céntimos. El tonto siempre escogía la moneda más grande y menos valiosa, ante las burlas y risas de todos, que no paraban de decir que era tonto sin remedio. Había nacido tonto y moriría tonto.

Un día, acertó a pasar por ahí un extranjero, que presenció cómo el grupo de gente se divertía a costa del pobre muchacho. Alguien le contó al forastero que, desde hacía años, cada tarde se repetía la misma historia: le daban a elegir al tonto entre las dos monedas y él, invariablemente, elegía siempre la de menos valor.

Cuando acabó el numerito de cada día, el visitante, compadecido, llamó aparte al tonto y le preguntó que si, después de tanto tiempo, todavía no se había dado cuenta de que la moneda más grande valía menos. A lo que el tonto le respondió:

—¡Pues claro que me he dado cuenta! Tan tonto no soy. Sé perfectamente que la moneda grande vale menos que la pequeña, pero el día que escoja la pequeña, se acabó el jueguecito y yo ya no ganaré ni un céntimo más —Y, guiñándole un ojo, se alejó, muy contento, con su moneda en el bolsillo.

El extranjero, después de reflexionar en lo que le había dicho el tonto, sacó varias conclusiones:

Primera, el que parece tonto no siempre lo es.

Segunda, ¿era, en realidad, el tonto el verdadero tonto de la historia?

Tercera, la ambición desmedida puede terminar con tu principal fuente de ingresos.

Cuarta, aunque los demás no tengan una buena opinión de ti, puedes ser muy feliz.

Quinta, lo que de verdad importa es lo que uno cree de sí mismo.

El viajante regresó a su casa pensando en el tonto y en que la persona verdaderamente inteligente es aquella que aparenta ser tonta ante una persona tonta que aparenta ser inteligente.

FIN