fidelidad

La zorra y el caballo

Ilustración: juanex

Tenía un campesino un fiel caballo, muy viejo ya, que no podía prestarle ningún servicio. El amo decidió no gastar más dinero en darle de comer y le dijo así:

—Ya no me sirves de nada, pero para que veas que te tengo cariño, me quedaré contigo y te daré de comer otra vez si me demuestras que tienes aún la fuerza suficiente para traerme un león. Pero entretanto, ¡fuera de la cuadra!

Y lo echó de su casa. El animal se encaminó triste y cabizbajo al bosque, en busca de cobijo. Allí se encontró con la zorra, la cual le preguntó:

—¿Qué haces por aquí, tan abatido y solitario?

—¡Ay! —respondió el caballo—, la avaricia y la lealtad jamás moran en la misma casa. Mi amo ya no se acuerda de los servicios que le he prestado durante tantos años y como ahora ya no puedo arar como antes, se niega a darme pienso y me ha echado a la calle.

—¿Así, a secas? ¿No puedes hacer nada para evitarlo? —preguntó la zorra.

—La solución es bien difícil. Me dijo que si era lo bastante fuerte para llevarle un león podría quedarme junto a él y me alimentaría de nuevo. Pero él sabe muy bien que lo que me pide yo no puedo hacerlo.

—Yo te ayudaré. Túmbate aquí y no te muevas, haz como si estuvieras muerto.

Hizo el caballo lo que le indicaba la zorra y esta fue al encuentro del león, cuya guarida se hallaba a escasa distancia. Al llegar allí, la zorra le dijo:

—León, aquí cerca hay un caballo muerto; si sales, podrás darte un buen banquete.

—Llévame hasta donde está.

La zorra se puso en marcha y el león salió tras ella. Cuando ya estuvieron junto al caballo, dijo la zorra:

—Aquí no podrás zampártelo cómodamente. ¡Tengo una idea! ¿Sabes qué? Te lo ataré a su cola, así te será más fácil arrastrarlo hasta tu guarida y allí te lo comes tranquilamente

Al león le gustó el consejo y se colocó de manera que la zorra, con la cola del caballo, ató fuertemente las patas del león y le dio tantas vueltas y nudos que no había modo de soltarse. Cuando hubo terminado, golpeó el anca del caballo y dijo:

—¡Arriba, jamelgo, andando!

Se incorporó el animal de un salto y salió al trote, arrastrando tras de sí al león. Se puso este a rugir con tanta fiereza, que todas las aves del bosque echaron a volar asustadas, pero el caballo lo dejó rugir y, a campo traviesa, lo llevó arrastrando hasta la puerta de su amo. Al verlo este, cambió de idea y le dijo a su caballo:

—Te quedarás a mi lado, y vivirás bien.

En adelante, no le faltó al caballo el mejor pienso y no tuvo que trabajar nunca más. Vivió feliz y tranquilo hasta que murió.

FIN