Olfato

El mal aliento

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Ilustración: CrazyCrocuta

Hace mucho tiempo, en el África subsahariana, reinó un león que tenía un carácter terrible. Todos sus súbditos lo temían y nadie se atrevía a abrir la boca en su presencia porque la fiera, a la más mínima, los hacía callar de un zarpazo.

Después de una larga enfermedad que lo mantuvo postrado en su cueva durante semanas, volvió el rey a ocupar su trono y convocó a sus principales ministros: un dromedario, un asno y una hiena.

—Como ya sabéis —les dijo malhumorado—, he estado muy enfermo y con fiebres muy altas. Lo último que me dijo el licaón médico, antes de que le cerrara la boca de un zarpazo a causa de sus impertinencias, fue que sabría que estoy completamente curado cuando mi aliento dejara de oler mal. Así que tengo que comprobarlo. Me han dicho que vosotros tres tenéis un olfato excelente.

—Cierto, muy cierto, majestad.  Sobre todo, yo —se apresuró a decir el asno.

—Entonces acércate a mí el primero y dime cómo huele mi aliento —ordenó el rey de los animales.

Abrió su gran bocaza y esperó. El asno olfateó y cuando llegó hasta sus narices el fétido aliento del león, echó la cabeza hacia atrás apresuradamente.

—¡Pero qué ascooooo! ¡Tu aliento apesta! ¡Un poco más, y me ahogo!

El rugido del león se oyó en varios kilómetros a la redonda:

—¡Insolente! ¿Cómo te atreves a insultarme de ese modo? —Y de un zarpazo lo hizo callar.

Muy enfadado, se giró hacia el dromedario y le hizo señas para que se acercara. Cuando lo tuvo a menos de un palmo le mandó:

—¡Tú!, dime si tengo buen aliento.

Y echo su hálito hediondo en la mismísima cara del dromedario, que disimuló una mueca de disgusto, pero no pudo contener las náuseas.

—¡Huag!.. Esto… Gran rey… Tu aliento… ¡Tu aliento huele de maravilla! Yo diría que es como una mezcla de almizcle y tripas podridas, con un toque de ámbar y un rastro de jazmín.

—¡Pero, ¿¡qué te has creído!? ¿Acaso quieres burlarte de mí! ¡Desvergonzado! —respondió el león.

—¡No, majestad! Por nada del mundo me burlaría yo de t…

Pero no pudo acabar la frase, porque el rey no lo creyó y, de un solo zarpazo, lo hizo callar.

La hiena estaba muerta de miedo; temblaba de pies a cabeza. Llegaba ya su turno y el león estaba cada vez más y más furioso.

—Ahora te toca a ti decir lo que piensas —ordenó el león—. ¡Ven aquí y huele mi aliento! Hay de ti, hiena, si no me conviene lo que me dices.

La hiena se acercó inquieta y, con el alma en un hilo, husmeó el pútrido aliento del león y fingió estornudar.

—¡Atchíssssssssssssssss! Berdona, bero no huelo nada de nada ¡Cof, cof, cof! ¡Mil berdones de nuevo! Estoy algo gostibada desde hace unos días —dijo, fingiendo tener la voz tomada.

El león comprendió lo que ocurría, pero lejos de enfadarse soltó una gran carcajada y añadió:

—Muy bien, hiena, tu astucia te ha salvado —dijo el rey de los animales—. Por ser tan lista, esta vez te perdono. Ya te puedes marchar.

Y la hiena, muy feliz, pudo volver tranquilamente a su madriguera.

Dicen que ese día las hienas aprendieron a reír.

FIN

Historias con sentido. «Cuento con los ojos cerrados»

Dedicamos este cuento a todos aquellas personas que no pueden ver los colores con los ojos del cuerpo, pero que sí pueden verlos, sentirlos e imaginarlos con otros «ojos». Porque como dijo una vez un habitante de Isla Imaginada, un zorro muy sabio: «no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos».

Hola, soy Noah, no veo los colores, pero los siento.

Aunque no puedo ver, mi oído, mi olfato, mi tacto y mi gusto son capaces de dibujar en mi mente un universo lleno de sensaciones.

Si lo quieres conocer, déjate llevar. No tengas miedo, yo te guiaré. Quiero que veas los colores tal y como yo los veo: sintiéndolos en tu interior.

Escúchalos…

Huélelos…

Tócalos…

Saboréalos…

Pero sobre todo…

¡Imagínalos y siéntelos!

¿Te atreves?

¿Sí?

Pues, ¡empecemos!

a

1) Este color pincha suavemente.

Al mojarse con la lluvia, estalla en tu nariz con mil aromas.

Es un color mullido y cómodo, al que le encanta hacer cosquillas. Sobre todo, en la planta de los pies cuando lo pisamos descalzos.

Cuando lo acaricio, perfuma mis manos.

La risa tiene este color, porque es el color de la alegría.

También lo oigo en el ruido que hace el viento entre los árboles.

Cuando tomo un refresco y me hormiguea la nariz, también siento este color.

Si lo muerdo, sabe a menta.

2) Este color quema.

Es el color que, desde la barriga, me sube a la cara cuando siento vergüenza.

También es el color que me recorre todo el cuerpo cuando me enfado mucho; y si me lleno por completo de él, sale de dentro dando gritos, porque este es el color de la ira.

Si me acerco al fuego, lo siento en la piel.

Es el color del estrépito de la ciudad, y el del calor que desprenden el pavimento caliente o los coches cuando pasan muy cerca de mí.

La gasolina huele a este color.

Cuando enfermo y me sube la fiebre, me lleno de él.

Y si me lo pongo en la boca, pica como las guindillas.

3) Este color moja.

Me salpica la cara con gotitas de agua que vuelan en el viento cuando estoy frente al mar.

Es el color de las noches frescas de verano.

Huele a sal, a playa y a pescado.

Si lo muerdo, sabe a anís.

Al tocarlo, es liso y está un poco frío, pero no es desagradable.

Es el color de la superficie de los espejos.

La felicidad es de este color.

También lo es el ruido que hace el cristal cuando brindamos con nuestras copas.

4) Este color sonríe.

Es el color de los domingos por la mañana con sol.

Huele a sábanas recién lavadas y a bebé dormido.

Huele a canela y a flan de vainilla.

Los abrazos son de este color, porque es un color muy blando.

Cuando hay mucha paz, el silencio se llena de este color. En las montañas muy altas podemos oírlo.

Es el color de la tranquilidad. De las siestas en tardes de verano bajo un pino.

El agua fresca de las fuentes sabe a este color, y también el pan recién horneado.

Es el color de los besos de mamá y el de mi cabeza sobre la almohada justo antes de dormirme.

También es el color del ronroneo de mi gato cuando lo acaricio.

5) Este color es serio.

Nunca se ríe.

Es un aire cálido y espeso que te sopla en la cara y te ahoga con su calor.

La arena seca que se escurre entre los dedos tiene este color.

La sed es de este color. También los granos de sal sobre la lengua.

Su superficie es plana, pero áspera y polvorienta.

Cuando estás muy cansado, sientes que todo tu cuerpo se va llenando de él. Es como andar bajo el sol en pleno verano.

La tristeza tiene este color.

Si muerdes un limón, te llenarás de él.

6) Este color es monótono.

Las cosas que pesan mucho, son de este color.

También lo es el ruido que hacen los trenes cuando salen de la estación y una pelota golpeando continuamente sobre una pared.

Es el tic, tic, tic de los dedos sobre el teclado. El tic-tac de un gran reloj en una sala vacía. El toc, toc, toc de los tacones sobre las baldosas.

El sabor de la comida, cuando no tienes hambre y te obligan a comer, es de este color.

Es el color del aburrimiento y de la desgana.

El del aceite resbalando sobre las manos.

Es el color de las cosas espesas. El del barro cuando lo pisas y el de la masa de un pastel entre los dedos.

También el de las cosas densas; como ese silencio incómodo que no se llena con ninguna palabra.

El olor del asfalto hirviendo es de este color.

Así son mis colores. Esos colores que nos rodean. Los que tú solo ves con los ojos y yo siento.

Seguro que ahora me comprendes un poco mejor y has entendido que no somos tan distintos; la única diferencia es que tú ves con los ojos y yo veo con el corazón.

Y ahora comprueba si mis colores se parecen a los tuyos.
  1. Este color pincha suavemente… ¡verde!
  2. Este color quema… ¡rojo!
  3. Este color moja… ¡azul!
  4. Este color sonríe… ¡blanco!
  5. Este color es serio… ¡amarillo!
  6. Este color es monótono… ¡negro!

FIN

La comida real

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Ilustración: Emma Pumarola

 Este cuento y esta ilustración han sido posibles gracias a: 

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Para los hermanos Sentido, asesores reales en varios mundos, que responden a los nombres de Oído, Olfato, Vista, Tacto y Gusto, cada vez es más complicado encontrar un lugar en la Tierra en el que celebrar la gran comida que disfrutan los Reyes Magos al terminar su reparto.

En esa reunión anual, además de comer y reponer fuerzas después de su agotadora jornada de trabajo, sus Majestades hablan de cómo les ha ido el día y planifican, con todo lujo de detalles, las tareas del año que tienen por delante, para que al llegar de nuevo el 6 de enero todo salga a la perfección. No pueden permitirse ni el más mínimo desliz, ya que en una sola noche se debe efectuar la entrega y cualquier error de cálculo supone un desastre difícilmente reparable.

La misión de los hermanos Sentido es buscar un lugar especial de reunión para Melchor, Gaspar y Baltasar, a los que es casi imposible sorprender, porque en sus más de 2.000 años de profesión han visto, oído, olido, tocado y gustado todo aquello que se puede ver, oír, oler, tocar o gustar. Así que, como podéis imaginar, es muy difícil impresionarlos con algo.

Por eso, cada uno de septiembre, los cinco hermanos se ponen en marcha y recorren juntos el mundo.

Este año, sin embargo, después de discutirlo largamente, decidieron tomar distintos caminos para ampliar la cada vez más complicada búsqueda.

Olfato se fue a Asia, porque había oído que allí, el aroma de la cúrcuma, el cardamomo, la cayena, el cilantro y la canela cosquillea en la nariz cuando el aire esparce en los coloridos mercados de especias su dulce y suave perfume.

Siete días después de su partida, propuso a sus hermanos celebrar la reunión en Estambul, contemplando el mar de Mármara.

La propuesta se rechazó, porque en 1453 ya se celebró allí la comida.

Oído puso rumbo a Oceanía, donde hay quien dice que, si se escucha con atención, se oye hablar al silencio, que se refugia a menudo en aquellas vacías inmensidades para poder meditar.

Volvió al cabo de un mes convencido de que el punto idóneo de reunión era el desierto Pintado de Australia, que en inmemoriales tiempos sirvió de paleta para ensayar combinaciones de colores a las cuatro estaciones cuando aún vivían juntas.

La propuesta se desestimó, porque se esperan vientos racheados a principios de enero en aquella zona y es un poco molesto encontrar arena en la comida.

Tacto tomó la dirección de África, para poder acariciar la piel de los animales en libertad, porque cuentan, los que la han tocado, que es la más suave del mundo, muy distinta a la de los animales cautivos, cuya piel se vuelve rugosa a causa de la pena.

Al volver a finales de octubre, propuso a sus hermanos ir a Tanzania, a la inmensa sabana del Serengeti, donde los animales corren sin barreras.

Se desechó la propuesta a causa de que en enero, precisamente, comienzan las grandes migraciones en la región de Ndutu y se prevé que más de un millón de ñus, trescientas cincuenta mil gacelas y unas cincuenta mil cebras se reúnan allí para emprender su periplo anual.

Vista se marchó hacia América, donde selvas, cordilleras, pampas, mares, ciudades y desiertos desprenden una luz tan especial que, mires hacia donde mires, te explota en mil colores dentro de la retina.

A mediados de noviembre regresó con su propuesta: irían a Guatemala, al lago Atitlán, que en idioma náhuatl significa «en el agua».

La idea quedó inmediatamente descartada, porque Melchor sufre de reuma y en el agua lo pasaría fatal.

Gusto, el último de los hermanos Sentido, optó por explorar Europa.

No se ha sabido nada de él hasta hace dos días, cuando sus hermanos, muy nerviosos, reclamaron su presencia con urgencia.

Regresó de su viaje muy feliz, rebosante de salud. Propuso ir a Capmany, un precioso pueblecito al sur del viejo continente donde, según dijo, todo es maravilloso. Allí lo habían tratado tan bien, ¡que se había olvidado por completo de su misión!

Emocionado, Gusto relataba a sus hermanos:

—¡Ay, hermanos!… Después de recorrer Europa entera, después de degustar las más exclusivas exquisiteces, descubrí un restaurante tan, tan, pero tan especial que decidí quedarme a vivir en él. ¡Y no me equivoqué! Allí he visto, olido, saboreado y tocado cosas que vosotros no creeríais. Juntas, viandas y trufas, me contaron que…

—¡¡¿¿Trufas??!! —exclamaron a la vez Oído, Olfato, Vista y Tacto.

Porque a los hermanos Sentido, si hay una cosa en el mundo capaz de volverlos locos es, precisamente, una trufa, el hongo mágico cuyo cuento empieza, justo, donde acaban otros.

«Érase una vez una trufa que se enamoró de un árbol y abrazada a sus raíces esperó paciente, a oscuras y en silencio, el momento preciso para entregar al mundo el fruto de ese amor».

Y es que cada año, en los espesos bosques de castaños, nogales, encinas y robles se viven fascinantes aventuras bajo la tierra. Algunas las conocemos porque, al llegar enero, quieren ser contadas y entonces desprenden un suave aroma que solo el fino olfato de jabalíes y perros puede percibir. Las trufas, cargadas de cuentos, son desenterradas y en ese momento hay que ir con muchísimo cuidado, porque solo un experto, con delicadeza, ternura y mimo, puede desprenderlos, muy despacio y sin dañarlos, de entre la tierra adherida en la rugosa superficie de las trufas. Si no se hace correctamente, finales o principios de esos cuentos pueden perderse irremediablemente.

Después, las historias desprendidas de las trufas deben mezclase cuidadosamente con los más deliciosos manjares para que juntos compongan relatos llenos de sabores, colores, olores y texturas que, al comerlos, estallan en el paladar. ¡Y no cualquiera puede hacer esto!

Pero precisamente, en Capmany, Gusto descubrió a uno de los mejores artistas desprende cuentos del mundo. Se llama Toni, y los hermanos Sentido decidieron que este año fuera él el encargado de cocinar la comida real.

Ha preparado un banquete muy, muy especial a base de trufas y, ¡por fin!, después de muchos siglos, los cinco hermanos han conseguido sorprender a los tres Magos de Oriente, que a estas horas aún siguen allí, saboreando historias.

Y aunque hoy el restaurante de Toni está reservado para Melchor, Gaspar, Baltasar, todos sus ayudantes y, naturalmente, para los cinco hermanos Sentido, podéis encargarle mesa para otro día y disfrutar de todo lo que nos cuentan sus platos.

Porque nosotros, que sabemos mucho de cuentos, os aseguramos que viviréis una experiencia…

 

¡…mágica en…!

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FIN